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¿Es peligroso el resurgir de los nacionalismos en Europa?

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Durante los últimos diez años, Europa ha visto un importante resurgimiento de los nacionalismos. Este hecho ha generado inquietud en distintos ámbitos políticos, económicos y sociales. Con el incremento del apoyo a los partidos y movimientos nacionalistas en numerosos países europeos, surgen interrogantes sobre las repercusiones para la estabilidad, la integración y los valores democráticos de la región.

El inicio y antecedentes históricos del nacionalismo en Europa

El nacionalismo no es ajeno a la historia de Europa. Durante los siglos XIX y XX, jugó un papel central en la formación de los estados modernos y también en los conflictos más devastadores de la región, como la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Tras la caída del Muro de Berlín y el fortalecimiento de proyectos supranacionales como la Unión Europea, se pensó que los nacionalismos quedarían relegados.

No obstante, elementos como las crisis económicas, los flujos migratorios y una sensación de disminución de soberanía han ayudado a reencender los sentimientos nacionalistas. Ejemplos como el Brexit, el conflicto catalán en España o el crecimiento de formaciones como Alternativa para Alemania y el Frente Nacional en Francia muestran esta inclinación.

Factores que explican la preocupación actual

Riesgo para la unidad europea: el proyecto europeo surge del anhelo de dejar atrás las divisiones nacionalistas. La unión en la diversidad ha sido su consigna, promoviendo la integración en áreas políticas, económicas y culturales. El resurgimiento de los nacionalismos puede complicar la toma de decisiones comunes y poner en riesgo acuerdos importantes, como la política migratoria, el espacio Schengen y los pactos económicos.

Aumento de expresiones intolerantes y xenófobas: diversos grupos nacionalistas han comenzado a utilizar un lenguaje que apunta a minorías étnicas, religiosas y migrantes. Conforme al informe anual de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA, 2023), se ha observado un incremento del discurso de odio en plataformas sociales y medios convencionales, especialmente en naciones donde el nacionalismo parlamentario ha logrado una presencia significativa.

Amenaza a las libertades básicas: en ciertas naciones, el ascenso de partidos con ideologías nacionalistas ha provocado una disminución de derechos y libertades. En el caso de Hungría y Polonia, las modificaciones propuestas por los gobiernos de tendencia nacional-populista han sido criticadas por entidades europeas por restringir la autonomía del sistema judicial, la libertad de los medios y los derechos de las mujeres y comunidades LGTBIQ+.

Conflictos en torno a las minorías nacionales: el nacionalismo intensifica las divisiones internas, fomentando políticas que buscan recentralizar y negar derechos a comunidades con historia o lenguas propias. Ejemplos recientes incluyen la negativa del gobierno polaco a otorgar autonomía a Silesia, o el refuerzo de leyes contra el uso de idiomas minoritarios en Letonia.

Impacto en la economía y la integración regional

El resurgimiento de los sentimientos nacionalistas fomenta estrategias económicas basadas en el proteccionismo, limitando así los sistemas de cooperación financiera dentro de Europa. Un ejemplo evidente es la complejidad para acordar los fondos Next Generation EU después de la pandemia, causado por restricciones nacionalistas establecidas por algunos gobiernos.

Además, el nacionalismo introduce dudas en los mercados al poner en entredicho la observancia de acuerdos internacionales y la solidez del euro. Inversionistas y compañías perciben que la división representa un peligro, lo cual afecta la atracción de inversión extranjera y restringe el desarrollo.

Análisis de caso: Italia, Hungría y España

Italia: la Liga Norte en Italia transformó su enfoque desde un regionalismo que rozaba el secesionismo hacia un nacionalismo italiano extremo, caracterizado por retóricas en contra de la inmigración y críticas hacia la Unión Europea. En los comicios de 2022, encabezó una alianza que cuestiona abiertamente la dirección europea convencional de la política en Italia.

Hungría: Viktor Orbán y su partido Fidesz han reconfigurado el país en torno a una identidad étnica húngara, promoviendo una «democracia iliberal». El enfrentamiento con Bruselas y la juventud de leyes contrarias a valores europeos han sido constantes.

España: En el contexto español, el ascenso de los partidos nacionalistas en distintas comunidades autónomas ha coexistido con una respuesta nacionalista española de enfoque centralizador. La crisis catalana de 2017 puso a prueba la democracia española y reveló las limitaciones de los acuerdos constitucionales establecidos en 1978.

El papel de la Unión Europea

La Unión Europea se encuentra en la encrucijada de reforzar o perder su poder de cohesión. La Comisión y el Parlamento Europeo han insistido en la defensa del estado de derecho y de mecanismos sancionadores para quienes vulneren los principios fundamentales. Sin embargo, la efectividad de estos instrumentos depende del consenso entre los propios estados miembros, que en ocasiones han mostrado reticencias por afinidades ideológicas.

Perspectivas de futuro y dilemas abiertos

Ante la amenaza nacionalista, la sociedad europea enfrenta dilemas esenciales: cómo equilibrar la preservación de identidades nacionales legítimas con la necesidad de solidaridad supranacional y cómo impedir que el nacionalismo degenere en exclusión, discriminación o fragmentación política.

El desafío es significativo. Los movimientos nacionalistas aprovechan frustraciones genuinas: el sentimiento de aislamiento en áreas rurales, la disparidad social y la percepción de inseguridad. Contrarrestar el nacionalismo que excluye implica ofrecer soluciones inclusivas y confiables, hacer frente a la desinformación y revitalizar la iniciativa europea.

La historia reciente enseña que Europa solo prospera cuando sus pueblos encuentran vías de cooperación más allá de las fronteras nacionales. El resurgir de los nacionalismos desafía ese fundamento, exigiendo una reflexión profunda sobre el modelo de convivencia, democracia y futuro compartido en el continente.

Por Otilia Adame Luevano

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